Lincoln Rivera Medina/ Opinión
04-feb.14.-
Da pena y vergüenza como los recursos de un pueblo es usado sin el menor
criterio y conciencia.
Conocimos
como se hicieron maratones para recaudar fondos y comprar de ambulancias para
supuestamente ofrecer servicios gratuitos o a bajos costos, a la clase más
necesitadas.
Las
ambulancias desaparecieron como por arte de magia.
Solo queda
esta vieja y destartalada ambulancia, sin gomas y abandonada, como un monumento
a la ignorancia de un pueblo.
Más que
ofrecer un servicio, este vehículo se ha convertido en cuna de delincuentes.
Allí se escudan delincuentes que aprovechan para cometer fechorías.
Nunca
sirvió para ofrecer un buen servicio; y sin embargo, se ha convertido en un
problema para la propia población que aportó para la compra de ese vehículo.
Se hace
necesario el retiro de esa ambulancia de manera urgente.
No es
posible que ese amasijo de hierro sea exhibido como un vehículo que ofrece
algún servicio, cuando es todo lo contrario.
Lo más
sorprendente es que ante este engaño, donde miles de ciudadanos fueron tomados
de "incautos" no aparezca uno que exija una explicación de por qué los recursos
aportados fueron echados tan pronto a la basura.
La Romana
se merece este tipo de monumento en plena Avenida Padre Abreu? Tenemos que soportar recuerdos nefasto?
Esperamos
el pronto retiro de esa ambulancia que solo trae recuerdo de cómo fue engañado
una vez más este pueblo de gente trabajadora.


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